
Cada 24 de mayo desde el año 1814 fieles católicos conmemoran el día de la Virgen María Auxiliadora con motivo de devoción y peticiones a fin de evitar peligros en su vidas.
La historia de la madre de los salesianos inició cuando en el año 749 propagó la jaculatoria: «María Auxiliadora, rogad por nosotros».
En el año 1572, el Papa San Pío V ordenó que en todo el mundo católico se rezara en las letanías la advocación: «María Auxiliadora, rogad por nosotros», porque en ese año la Virgen libró prodigiosamente en la batalla de Lepanto a toda la cristiandad que iba a ser destruida por un ejército mahometano.
En 1814, el Papa Pío VII, prisionero del general Napoleón, prometió a la Virgen que el día que llegara a Roma, en libertad, lo declararía fiesta de María Auxiliadora. Inesperadamente el Pontífice quedó libre, y llegó a Roma el 24 de mayo. Desde entonces quedó declarado el 24 de mayo como día de María Auxiliadora.
En 1860 la Santísima Virgen se aparece a San Juan Bosco y le dice que quiere ser honrada con el título de «Auxiliadora», y le señala el sitio para que construya en Turín, Italia, su Santuario.
Don Bosco ha sido, en la historia de la Iglesia, el gran apóstol de María Auxiliadora. Él solía decir: «Confíen en María Auxiliadora y verán lo que son los milagros».




